Pescao debuta con «Uno»: pop folk cálido y absurdo para surfear el día a día

Envueltas en nostalgia, humor y un sonido sesentero, las doce canciones que integran la carta de presentación del trío chileno viajan del folk al surf rock, de la experimentación a la intimidad, para recorrer el amor, la amistad y las ausencias desde una mirada cotidiana y poco solemne. Un cancionero atemporal que encuentra en las pequeñas escenas de la vida diaria la materia prima para dar con canciones inolvidables.

La historia de un niño santiaguino que sueña con surfear, el silencioso deterioro de una relación de años, encontrar una caja con fotos viejas y volver, por un momento, a eso que ya no somos. Entre esas pequeñas escenas se levanta el universo de Pescao, trío chileno nacido en 2024 que observa la realidad desde un lente amable y musicaliza lo agridulce de la vida en «Uno», un primer larga duración cálido, versátil y atemporal.

Tras presentar siete adelantos durante el último año –entre ellos, una divertida versión local del clásico «How Deep is Your Love», con Olivia García–, la banda integrada por Tomás Hurtado (voz), Clemente Boetsch (guitarras) y Andrés Elgueta (batería) reúne por fin esas piezas en un disco que encuentra su identidad en el delicado equilibrio entre la melancolía y el humor. «Tiene algo de esa sensación que da en los funerales cuando cuentan una anécdota chistosa y se escapa una risa entremedio de las lágrimas», explican.

Esa natural mezcla de emociones se ve reflejada también en el cruce de géneros que propone Pescao. Inspirado en la estética del pop radial de los años 60 y 70, y combinándola con influencias de la trova latinoamericana, el surf rock y el folk contemporáneo, «Uno» –grabado de manera casera en piezas y escritorios– apuesta por un sonido cálido y artesanal, construido desde la guitarra, la voz y el trabajo colectivo de la banda.

«Buscamos un sonido acogedor y simple, utilizando recursos básicos, pero bien aprovechados. Lo retro en nuestra música aparece más desde cómo trabajamos que desde máquinas caras o estudios vintage a los que nos hubiese encantado ir. Grabamos en nuestros propios espacios, muy pegados a los instrumentos, conversando entre nosotros, con poco computador y poco click, siempre defendiendo las canciones desde lo que ellas mismas nos pedían. Al final, esa forma de trabajar terminó imprimiéndole al disco un carácter muy coherente con las historias que queríamos contar», detallan.

La libertad creativa con la que se mueve el trío se traduce en un repertorio que nunca permanece en un solo lugar. Sobre un formato clásico de banda –guitarras, bajo y batería–, al que se suman hermosas apariciones de piano, sintetizadores y contrabajo, cada canción abre un espacio propio dentro de un universo común: desde la experimentación de «Dos Remolinos», con guitarras invertidas y baterías poco convencionales, hasta el humor tierno de «Polera» o la nostalgia luminosa de «No es nada», todas encuentran formas propias de compartir historias que parecen estar escritas en el ADN de lo que somos.

«Nos gustaría que la gente le agarre cariño a estas canciones y las sienta propias; que se sientan acompañados por ellas en su rutina y puedan darle un sentido personal a las letras y melodías», reflexionan sobre el destino de un disco marcado por los afectos y las relaciones, un punto que potencian con las colaboraciones de y Vicente, Pablo Lobos, Olivia García y el propio Andrés Elgueta en su faceta solista, y que no responden a una lógica clásica de invitados, sino al vínculo de amistad y comunidad que caracteriza y estimula al proyecto.

Una banda joven con alma vieja. En «Uno»Pescao celebra la emoción de esos pequeños gestos y momentos que, aunque parecen simples, terminan quedándose con nosotros para siempre. Desde sus composiciones de autoría hasta una versión de «De nosotros dos», del legendario cantautor uruguayo Eduardo Mateo, el trío recoge la tradición de canciones capaces de encontrar belleza en lo cotidiano y construye, en 40 minutos, un mundo donde nada es tan grave; incluso después de un mal día, siempre puede aparecer un groove suave dispuesto a devolvernos el optimismo.